
Realmente no se qué tan antiguo es el porno, no sé en donde fue que se propago ni quien lo invento (ok, si hice mi tarea; todo lo relacionado a la historia del porno está aquí, pero eso no es relevante en este texto… bueno quizá sí pero me dio flojera ponerlo), solamente sé que a mi encanta, a mi y millones de hombres en el mundo. El porno es el placer exprés al alcance de todos. Es cierto que todos amamos el sexo (sin importar preferencias sexuales), pero también es cierto que a veces tenerlo a todas horas resulta difícil (claro hay quien se avienta sus rapidines en la escuela o en el trabajo pero siempre llega a haber un momento de soledad), es por eso que una revista de ‘encueradas’, una caja de pañuelos, y la fuerza de una mano pueden complacer y/o funcionar como placebo en aquellos ratos donde solamente quieres que sean tú y Jenna Jameson en tu imaginación.
Dicen que nosotros los hombres somos mucho más sencillos que las mujeres; tardamos menos en peinarnos, no tenemos cambios de humor extremos cada mes, hacemos pipi parados y encima de eso, reaccionamos a estímulos visuales tan simples que basta con ver un pecho femenino al descubierto para alcanzar una erección. No me consta que a las mujeres les guste ver porno, hasta donde se eso no les excita, al menos no en la forma que a nosotros, si bien alguna vez salí con una chica que gustaba de ver películas eróticas era por simple curiosidad (al menos era lo que ella decía), pero si estoy seguro que jamás se toqueteaba mientras veía el coito. Por eso en este texto voy a hablar por los hombres, porque de las mujeres no tengo forma para comprobar si ellas disfrutan de tan gentil herramienta de placer (aun si les preguntas se ofenden o no saben muy bien que contestar… sí, he de confesar que les he preguntado si les gusta ver porno). Soy hombre y hablo de las reacciones que me causa ver a una mujer como Audrey Bitoni mientras se encuentra contemplando un falo.
Casi por accidente, tropecé con este texto (si, adivinaron, estaba buscando porno), un interesante escrito que hace una división sobre los estímulos que tiene los géneros tanto masculino y femenino, todo en palabras fáciles de entender:
“La primera vez que el hombre vio una mujer desnuda, la pintó en las paredes de la cueva y empezó a cobrar la entrada. La culpa la tiene la evolución. Para poblar los campos, los hombres fueron diseñados para reaccionar a los estímulos visuales: necesitábamos ver la oportunidad de las relaciones sexuales para poder tenerlas. Pero ahora tenemos impostores visuales; la pornografía imita las señales sexuales de la evolución. Muchas mujeres jóvenes con cuerpos bien formados, dispuestas a ofrecerles sus servicios a los hombres sin necesidad de compromisos a largo plazo… eso no es solo un maravilloso viernes por la noche, es la clásica trama de las películas triple equis. Es también parte de la estrategia reproductiva. Una encaja perfectamente en la otra. Por eso no hay conversaciones extensas ni citas prolongadas. Y cuando las hay, se adelanta la película, igual que en la vida real.
La pornografía está dirigida a las necesidades evolucionistas del hombre; las novelas románticas cumplen la misma función para las mujeres. Su estrategia reproductiva es identificar al hombre adecuado, al tipo protector y poderoso que la ama solamente a ella. La pornografía y las novelas románticas son mecanismos parásitos. Muy semejantes al azúcar procesada. Nuestro mecanismo del gusto está diseñado para ser estimulado por las cosas dulces, como las frutas maduras, para aumentar la probabilidad de subsistencia.”
Via: Pulso Digital.
Quiero pensar que, tanto reaccionar al porno como el ser inventado, son cosas que estaban predestinadas a pasar, es decir, un hombre se erecta en cuanto ve una mujer desnuda, ergo, hay que hacer negocio con la desnudes femenina. Es la simple praxis de la pornografía.
No obstante, uno podría pensar que después de encontrar a una pareja sentimental, con la cual consumar la pasión y entregarse a los placeres del sexo, el gusto por la pornografía quedaría en el olvido… arrggghh. Grave error, la pornografía aumenta la libido porque nos deja caer en el engaño de la satisfacción y la entrega carnal fácil, es decir, nos deja fantasear con situaciones imposibles que muy probablemente se conviertan en juegos en el coito con nuestras parejas reales. Aun teniendo a una pareja con la cual practicar el rico acto de la reproducción, es muy fácil recurrir de nuevo al porno, sobre todo porque en esta época nada cuesta y todo está al alcance de un par de clicks, digo, si existió una era en donde había que ir a alquilar películas beta con actrices rusas y eso no detenía a nadie, que nos hace pensar que el degustar pornografía puede ser frenado para nosotros los varones que vivimos en la llamada “sociedad de la información”. Nada.
Así de simple es, como muchos llaman a la mente de un hombre, tan sencillo es explicar porque aun teniendo novia, esposa o amante, un hombre siempre recurrirá al falso amor de una pornoactriz en el monitor de su PC, porque eso nos permite alimentar nuestras fantasías y luego ponerlas en práctica, aumenta nuestra creatividad y nos llena de ideas que incluyen jugueteos previos al coito (que por lo que he leído y experimentado, es lo que más disfrutan las féminas), después de todo chicas ¿de dónde creen que salió nuestro atrevimiento de pedirles sexo en los lugares más intensos y excitantes (desde el clásico momento de hacerlo en el asiento trasero de un auto, en un baño público, la boda un amigo, una fiesta, en la oficina o en el salón de clases)? Por nuestra ansia de satisfacer nuestras fantasías que son alimentadas por el porno y de los juegos y tramas románticas que ustedes tanto disfrutan (… un saludo a Lady Kiddo quien no debe estar muy contenta con el texto).
¿Lo ven? todos ganan con el porno.
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