
No he conocido a ni una sola persona que recuerde con alegría los cambios que la etapa de la pubertad le trajo; vello en todas partes, cambios hormonales, molestas indiscreciones corporales, acné, entre otras tantas desafortunadas peripecias que esta etapa le trae a todo ser humano que llega a ella. Supongo que por esa parte mi pubertad –al igual que la de cualquiera- no fue muy agradable, no obstante, a pesar de que era una hormona con patas que tenía erecciones cada cinco minutos y su mente estaba repleta de fantasías con el hasta entonces lejano acto del apareamiento, hay una sola cosa que recuerdo con agrado de esta etapa.
Mi acercamiento con la música y los géneros y bandas que predominarían en mi gusto hasta ahora se formaron en esta difícil época, la mayoría de ellos estuvieron ahí para alegrarme las tardes en las que una erección involuntaria a veces era motivo de querer desaparecer para evitar la vergüenza. Recuerdo que en esa época tuve una enfermiza obsesión por la adquisición de discos de muchas bandas a las cuales les empezaba a seguir la pista. Siempre tuve contacto, desde muy niño, con muchas bandas de rock clásico como Beatles, Doors, Queen, Led Zeppelin entre muchas otras, pero fue en mi pubertad cuando exploré las tierras de un género que había permanecido desconocido para mí; el Heavy Metal y todas sus variantes llegaron a mí en un momento en el que al igual que los cambios en mi cuerpo, ofrecían vertiginosos cambios de ritmo y un ruidoso estruendo que apaciguaba esa sensación de inconformidad con todo lo que me rodeaba.
Así, dentro del sub genero del nü-metal, hubo mucha música que comencé a recopilar por montones, y bandas como Linkin Park (que en ese entonces, con su primer material, era una muy buena banda), Korn y System Of A Down se colaron entre mis favoritas. De esta última recuerdo con bastante nostalgia, el que para mí fuera su más grande álbum, Toxicity era todo lo que yo necesitaba en esos días, un disco con 14 ruidosas canciones todas ellas llenas de letras sin sentido y con mensajes que rayaban en lo ridículo, pero con un poder auditivo como nunca antes había escuchado. Actualmente este álbum se ha consagrado como uno de los más importantes y canciones como Toxicity, Chop Suey! y Aerials son ya un hito de culto entre los amantes del género.
Lo extraño es que, a pesar de que en esa época yo compraba mucho discos de varios artistas (incluso aquellos de los que ahora me arrepiento), jamás tuve mi copia original, recuerdo que adquirí este disco en un puesto pirata porque aquella tarde no tenía dinero, había comprado muchísimos álbumes y todo mi dinero se iba en ello, logre juntar una vasta colección de 36 discos todos originales y en solo dos años pero por alguna razón siempre olvidaba hacerme de un compacto original de tan apreciado álbum. Han pasado muchos años desde entonces, estaba cerca del fin de mi pubertad cuando escuche uno de los sencillos de esta obra maestra y siempre quise comprar el compacto de manera legal, pero siempre había algo que lo impedía, hoy por fin pase por Tower Records e invadido por una extraña nostalgia me abalancé hacia la sección de “precio especial” y lo vi a $99.00, creo que si lo hubiera comprado en cuanto salió me habría costado el doble, en fin, es un tanto raro que la gente compre discos en esta época en donde lo digital se está comiendo a lo material, pero una persona que aprecia tanto la forma física de las cosas no puede evitar seguir comprando productos y almacenar cosas, es algo inexplicable, de todas formas estoy feliz por mi compra.
¿Aun recuerdan el último disco que compraron? Aparte de este, yo no lo recuerdo.
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