Soy de los que, en algún momento de su vida, tuvo fe en las relaciones a largo plazo, pensé que una vida ordinaria consistía en tener a ese alguien especial contigo todo el tiempo, un incondicional; pfft ahora sé que eso solo está bien para cuando llegue a la edad de tener que hacerme un examen de próstata anual (y eso tal vez).
Al ver la tan intrascendente y a la vez correcta vida de Ryan Bingham (interpretado por Geaorge Clooney) en Up in the Air, me doy cuenta del reflejo actual de esta rutina en la que se ha tornado la vida moderna del hombre. Podría quebrarme la cabeza con muchas de las causas que obligan a este hombre y a todos en general en convertir su vida en un frenesí de encuentros que solo tienen sentido una noche pero ese no sería el punto aunque gran parte de mi siente descontento de que las cosas sean así, aquellos que tienen descartada la idea de ese “alguien especial”. Es decir, soy una persona que estúpidamente tiene una empatía con el modelo tradicional de una pareja estable, para mí eso funciona, pero al final, la película me enseña que eso va valer un carajo y aun si hago lo contrario también valdrá un carajo.
Hay gente que, efectivamente esta predispuesta (genéticamente o que se yo) a las relaciones rápidas, encuentros casuales deliciosos pero culposos por lo vacio del sexo (no le quito puntos al sexo, pero solo digo que puede dejarte emocionalmente insatisfecho) y aunque trate de cambiarlo pasará por una serie de eventos que lo harán desistir. Bingham lo intento y se dio cuenta que solo era el “escape” de alguien más, pero también evito la pena de tener que lidiar con una relación rápida que forzadamente se pudo convertir en una relación a largo plazo (si, el final es triste pero el sujeto entiende que su vida será así hasta que se muera) ¿Por qué eso me hace sentir tan mal? Solamente digamos que me di cuenta hasta apenas que, en un intento por demostrar que las relaciones formales pueden funcionar en nuestra época, forcé un encuentro informal y lo torne en un noviazgo lleno de conflictos.
Up in the Air me afecto en ese sentido, y aunque no dejo de sentir que esta era una película que habría sido mucho mejor para mi verla cerca de mis treinta años para que el pedo tuviera un mayor impacto en mí, la disfrute mucho pues estoy pasando por situaciones que me hacen replantearme esto de estar con alguien ya sea por amor, interés o necesidad. Todavía queda parte de ese deseo de encontrar a la chica idónea, tal como Natalie Keener (Anna Kendrick) y su crédula ideología de la relación joven y funcional pero me doy cuenta en pequeñas dosis de que la estabilidad está lejos de complacer a las personas hoy en día.
Por cierto, Vera Farmiga es un deleite visual interpretando a una MILF autosuficiente y sin pretensiones para la satisfacción de sus necesidades, todavía no se había quitado la ropa y yo ya tenía una erección.






























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